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Arctic Monkeys y su estruendo que sostuvo el cielo asunceno


Por Orlando Salerno.

Arctic Monkeys cerró el Día 1 del Kilkfest con un despliegue de clase y estruendos sonoros, en una noche que quiso robarse el protagonismo con su intermitencia climática.

Anoche se celebró un encuentro con la música más selecta del plano internacional y nacional, en el Jockey Club Paraguayo, donde propuestas locales como The Crayolas, Los Ollies y finalmente El Culto Casero, quienes por fin pudieron presentar su acto, luego de frustradas ocasiones, ya sea por pandemia o tormentas eléctricas, en grandes escenarios como el vivido anoche.

Estos se encargaron de sostener un cielo que tímidamente quería derrumbarse, mientras El Kuelgue de Argentina y el mexicano Kevin Kaarl, se posicionaron como soportes principales de Poseidón.

La humedad de la noche asuncena se transformó en transpiración de emoción, cuando los Interpol subieron al escenario, para iniciar su set con una bofetada a su siempre bienvenida primera discografía, con temas como «Untitled» y luego «Evil», para exorcizar un cielo oscuro que parecía apocalíptico.

Los neoyorkinos, en el escenario principal, fueron los primeros en ahuyentar toda posibilidad de tempestad, que ahogue este gran evento, que luego tuvo bajo carpa a los platenses de El Mató a un Policía Motorizado, en un reencuentro con el público paraguayo, que cada vez más se vuelve devoto a su propuesta ruidosa, melódica y sensible.

Pero, una vez llegada la hora del acto principal, los muchachos de la Ciudad de Acero, suben a la tarima principal, para estacionar su nuevo álbum ‘The Car’, con la canción más inquietante y mejor lograda de dicho material. Hablamos de «Sculptures of Anything Goes» y los Arctic Monkeys.

Mientras los presentes seguían procesando el privilegio de volver a ver en vivo al grupo inglés más importante de este siglo en Asunción, estos los sacuden de realidad con «Brianstorm», para atronar un cielo que ya había sido domado por la batería de Matt Helders.

Entre varios clásicos del grupo británico, como «Snap Out of It», «Don’t Sit Down..» o «Crying Lightning», llegaba el momento de presentar por primera vez, su nuevo himno chamber pop, el tema «Body Paint», en la cual el líder Alex Turner desparrama Bowie y Beatles a su alrededor.

Seguido de eso, viene una nueva versión extendida de «Four Out Of Five», el primer sencillo de su anterior esfuerzo, el distópico ‘Tranquility Base Hotel & Casino’ (2018), que significó el gran salto al vacío, y giro a la izquierda, de esta agrupación que sabe llevar bien sus años, sin caer en crisis o imitaciones de ellos mismos.

El show fue hipnótico, resultaba difícil sacarle la vista al cantante que entonaba cada nota como una copia carbónica de la versión de estudio, afirmando su estatus de artista completo y de Clase A.

Los momentos más ruidosos de la noche vinieron con «Pretty Visitors» y «I Bet You Look Good on the Dancefloor», que a su vez se respondieron a momentos de extremo idilio, a través de canciones como «Cornerstone» y «505».

Por supuesto, no faltó «Do I Wanna Know?», el último riff de guitarra de estadios que fue coreado y celebrado por la mayoría del público que ya estaba conciente que el momento se podía acabar y no había alargue.

Para concluir la jornada, los oriundos de Sheffield cerraron con el tema «R U Mine?», con esos desafiantes guitarras y arrogantes letras, que marcan la actitud de los Arctic Monkeys frente a cualquier imposición o etiqueta, ya que se trata de una de las últimas agrupaciones que coloca el contenido de su trabajo por encima de cualquier otro tipo de medio ajeno a su música.

El misterio y el acto presencial siguen siendo los únicos medios cerrados de los Arctic Monkeys, quienes sin demagogia te pueden salvar una noche con sus temas, como lo hicieron el jueves 10 de noviembre de 2022, en un día que parecía caerse a pedazos.

 

 

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